Nueva sala permanente

ROMPIENDO EL TECHO DE CRISTAL

En las últimas décadas, ha surgido una corriente internacional que aboga por la visibilidad de las mujeres en el arte. Este movimiento no es espontáneo, ya que tiene como precedente la lucha de grandes mujeres a lo largo de la historia para reescribir los antiguos roles de género. Dentro de estas pioneras, se destacan figuras como Olimpia de Gouges (1748-1793), que abogaba por la igualdad social o Mary Wollstonecraft (1759-1797), que redactó varios escritos sobre el papel de la mujer en la sociedad moderna. Aunque el siglo XIX supuso un nuevo impulso para las teorías de género a través de los movimientos sufragistas, fue un siglo después, cuando más efectiva se hizo la lucha activa de las mujeres, tanto en el ámbito social como cultural.

A lo largo de la historia, en las diversas disciplinas artísticas, incluyendo la escultura en vidrio, la mujer ha sido una participante pasiva, una fuente de inspiración no muy alejada de la inspiración que suponía la propia naturaleza. De hecho, el rol femenino en la cultura occidental se ha asociado, ya desde la filosofía grecolatina, a la pasión en contraposición de la razón personificada en el hombre. Es por ello que la mujer se ha representado obsesivamente a través de una imagen de musa-esclava, relacionada con la fertilidad o la virtud y, en ocasiones también, como una femme fatale o mujer-vampiro, con una atribución peyorativa.

Al respecto, puede hacer referencia la representación de Edward Leibovitz “Elefante cazador” (1999), donde tan turgentes son los senos femeninos o las diversas venus de Severino Antonio Ribeiro Pereira. En “Angélica” (1995), Fidail Jbragimov explora la pureza de la mujer virtuosa y Vesa Varrela realiza una oda edípica en su “Short cut nº5” (1995).

El gran volumen de representación femenina en la historia de las artes forjó, en los años 70 del pasado siglo, nuevas reflexiones sobre la identidad y el género. Así, el grupo Guerrilla Girls realiza performances que perseguían la sensibilización de la sociedad respecto al papel de la mujer en el arte. Con su famoso eslogan: “¿Deben las mujeres estar desnudas para entrar en el MET Museum?”, ponen en evidencia la escasa representación de la mujer artista en las salas de los museos. Reflexión que ya había lanzado Linda Nochlin en su ensayo “¿Por qué no han existido grandes artistas mujeres?” (1971), que sirvió de acicate a multitud de nóveles creadoras.

Vista de la Nueva Sala

Dentro de las colecciones del MAVA, hemos hecho una selección que explora la perspectiva de género y propone una reflexión sobre la mujer como inspiradora y, sobre todo, como creadora. En este sentido, contamos con obras como la relectura de la relación entre naturaleza y humanidad de María Lugossy en “El nacimiento de Venus” (1996), la coraza protectora de Philippa Beveridge o la lúdica deconstrucción de Kazue Taguchi en “Los ojos hablan más que las palabras” (2008). Especial mención requiere el simbolismo existencialista de artistas como Monika Úz, Pilar Aldana y Ana Thiel, cuyos títulos de obras coinciden en aludir al alma.

Otras obras, sin embargo, se engloban dentro de los movimientos del momento. Es el caso de la propuesta orgánica de Mary Ann “Toots” Zynsky o Florence Perkins. El simbolismo de Elvira Hickert y Ángeles San José o el animismo de Raquel Stolarski-Assael e Isabel de Obaldía. La abstracción de Magdalena Kucharska (1963) o Eva Vlcková (1966). El expresionismo de Gisela Sabokova, entre otras atribuciones.

Una vez liberada de los roles de género, la artista ejerce su labor en igualdad de condiciones que el hombre, entrando con fuerza en las instituciones museológicas y el mercado del arte. Desde el MAVA, creemos que es el momento de construir un espacio de diálogo bidireccional entre artistas varones y mujeres, para procurar un enriquecimiento mutuo y así alcanzar una igualdad efectiva y respetuosa.

Sheila Reinoso Blázquez – Conservadora de Museos Estatales